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Los últimos gigantes. François Place

19 Ene

Y hablando de gigantes, no podíamos dejar de nombrar este tesorito de la editorial Blume.

Los últimos gigantes, escrito e ilustrado por François Place, es de los libros que querrás que formen parte de tu biblioteca personal, por la historia rotunda y profunda, y por las maravillosas acuarelas que acompañan cada página.

Es un libro de pequeño formato alargado, que a veces te gustaría que fuese el doble de grande precisamente para saborear aún más las ilustraciones.

Todo comenzó en un paseo por los muelles, cuando Archibald Leopold Ruthmore, le compra por dos guineas a un viejo marinero un “diente de gigante” : una pieza tan grande como un puño y como el molar de un humano, pero llena de grabados. No pudo resistirse ante la pieza y la historia tan hermosa que había tras ella.

 

Nuestro protagonista es un estudioso, aventurero y curioso por todo lo relacionado con la geografía de la Tierra. Una Tierra que en 1849, aún le quedaban muchos rincones por explorar.

Y viajó en busca del País de los Gigantes, en las fuentes del río Negro.

 

La historia es apasionante y el autor la cuenta y desarrolla de manera excepcional.

Es una época asombrosa para los que estamos acostumbrados a ver el mundo a través de los documentales, porque estos hombres, vivieron auténticas aventuras como exploradores. Y te acercas mucho a lo que sintieron en estas páginas: las travesías en barco, las ciudades abigarradas como Calcuta, los olores asiáticos de Ceilán y Cantón, las selvas húmedas e inhóspitas, la infinita nieve de Siberia…

 

No te vamos a contar toda la historia porque debes darte el gustazo de leerla, pero sí, sí conoció a los Gigantes.

Después de dos años, siete meses, tres semanas y cinco días, regresó a su casa de Inglaterra, y se encerró en su biblioteca para escribir todas las maravillas que había visto.

Y las contó.

Éste fue su mayor error.

 

Después, Archibald Leopold Ruthmore nunca más escribió. Se hizo marinero no deseando otro horizonte que el mar y el cielo.

En cada puerto se hizo tatuar en el cuerpo un cuento, una leyenda o una canción.

Pero jamás habla del extraño objeto que guarda en el fondo de su cofre de marino: un diente de gigante.

 

 

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