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Un cesto lleno de palabras. Juan Farias

16 Jun

Y con las letras: las palabras.

Con la triste muerte de Juan Farias el pasado 11 de junio, de quien tantas veces hemos hablado y nombrado, destacando su obra a raíz de la lectura de la revista Peonza aquí, utilizando sus profundas y sencillas palabras para hablar de la lectura y de la vida aquí, y mencionando muchos de sus libros…

Protagonizamos hoy, Un cesto lleno de palabras con ilustraciones de Fuencisla del Amo, de la editorial Anaya.

 

Juan Farias comenta que las palabras se encienden cuando uno sabe lo que quieren decir y es verdad que, con las palabras, nuestro mundo se hace más grande.

El abuelo de Pedro trabaja en una imprenta de las de antes y le lleva a su nieto un cesto lleno de palabras que ya no le sirven. Con las palabras del cesto, Pedro imagina, siente, revive y comparte la aventura de lo cotidiano con su amiga Paula, quien sin saberlo, también le regala palabras nuevas que le hacen crecer.

!Qué bonita es esta idea!

Hemos pensado en las palabras que Pedro ha descubierto. Las hemos escrito: camada, cigüeña, galantería, niño, mar, melancolía, mamá, bosque, contramaestre, nieve, colores…  

Hemos cerrado los ojos, y una  a una, las hemos visto, imaginado, pensado, sentido… sin esa prisa del uso habitual. !Cuántas sensaciones!. Pruébalo.

Gracias Juan Farias, por habernos regalado tantos cestos de palabras. Las guardaremos y usaremos con frecuencia, como volver, porque nos gustará volver a leerte.

 

 

Juan Farias nació el 31 de marzo de 1935 en el pueblo costero de Serantes, A Coruña. Estudió naútica y después de recorrer el mundo a bordo de un barco, se dedicó a su verdadera vocación: la literatura. La calidad literaria de su obra es fiel reflejo de su honda calidad humana. Sus propias palabras así lo demuestran( texto recogido del libro Un cesto lleno de palabras):

Me llamo Juan y soy lo que queda de un viejo marinero.

Me gusta escribir y más cosas, hablar con unos y con otros, ir y venir teniendo siempre por mejor camino el que me trae de vuelta a los míos.

Me asombran los amaneceres y colecciono puestas de sol.

Suelo escribir (si es que esto es escribir) sobre la gran aventura: lo cotidiano, que a veces es triste, a veces alegre, a veces doloroso.

No me interesan los capitanes que vuelan entre las estrellas ni los vampiros si unos y otros no están enamorados.

Créeme, lo cotidiano es emocionante, no hay un minuto igual a otro, es un juego de luces que no saben estarse quietas.

Lo cotidiano está lleno de héroes, hombres y mujeres que no se rinden, que luchan día a día por aquellos a los que quieren.

Querer, amar, es mi cuento preferido.

 

 

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