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40 años con ojos de niño. FRATO

9 Jul

No es fácil presentar a Francesco Tonucci después de tantos años de estudio, compromiso y trabajo en favor del respeto a los Niños. O tal vez sí, si lo hacemos sin tanta retórica adulta e intentamos hacerlo con ojos de niño:

Es un señor de pelo y barba blanca, italiano, que dibuja y escribe contando lo que los niños piensan y quieren, frente a lo que los adultos creen que necesitan.

Con el nombre de FRATO ha firmado otro modo de comunicarse y de transmitir ideas sobre la Educación. Con dibujos y pocas palabras, es capaz de contagiar reflexiones pedagógicas innovadoras.

Sus aparentes dibujos inocentes aportan una mirada cargada de una reflexión muy lejana al conformismo y muy cercana a la crítica.

Una crítica que llega a la familia, a la escuela y a la política, denunciando errores educativos, de posturas tradicionales y progresistas, que a veces soportan con dificultad esta dosis de sátira mordaz.

Escribe Loris Malaguzzi, que Frato es como un aguafiestas, un Robin Hood que agita las conciencias tranquilas y apoltronadas, un militante de la provocación infalible.

Los niños a los que defiende a capa y espada son víctimas habituales de la arrogancia de las leyes, de las normas, de las costumbres, de las retóricas, de las didácticas plastificadas, de los falsos pudores que los mayores inventan en la familia, en la calle, en los medios de comunicación, en la escuela …

Sus viñetas van envueltas en humor. Ese humor que tan bien usan los inteligentes, como un buen pan que acompaña a  algo amargo y que te hace pasar mejor el trago.

Y es que desde el mundo adulto con qué facilidad perdemos los ojos de Niño, tan necesarios para acompañar a la Infancia sin cargarles con todos los prejuicios que hemos acumulado en el camino.

Hay que esforzarse y mucho, y tener la honradez de verte reflejado en muchas ocasiones en sus páginas y poder reírte de ti mismo. Seguramente se acerque mucho al saber pensar y saber leer.

Francesco Tonucci es muy grande. Pasaríamos horas escuchando sus conferencias que tenemos a mano en Internet.

Compartió este enorme respeto por los niños con Gianni Rodari y curiosamente el libro que hoy es protagonista, comienza con un texto que me gusta recordar con frecuencia: Un señor maduro con una oreja verde. Una oreja de niño pegada a un mayor que le sirve para oír cosas que un adulto nunca se para a sentir y para escuchar las cosas que los niños cuentan.

Pues con esta oreja que nos contó Rodari, y con los ojos de niño que nos dibuja Frato, podríamos hacer una escuela, una calle, una ciudad, una casa, una familia… cada vez mejor.

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