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El cuento del carpintero. Iban Barrenetxea

12 Jul

El cuento del carpintero. Iban Barrenetxea. Editorial A buen paso.

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Había una vez un laborioso carpintero que se llamaba Firmín.

Fabricaba unas ruedas de tal perfección, que el impulso de una mirada bastaba para echarlas a rodar. Rodaban y rodaban hasta perderse tras el horizonte y sólo uno o dos años después volvían a aparecer por el lado opuesto tras haber recorrido el mundo entero.

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Con mucha, muchísima razón, los libreros le han otorgado a este libro el Premio Libro Kirico 2011.

Iban Barrenetxea es autor e ilustrador de la historia, y la calidad en ambos campos es magnífica.

Un texto cuidado para todos los lectores, personajes singulares con matices definidos y una cadena de sucesos con sorpresa final que te arranca una sonrisa y un pensamiento. !Bingo!

Es muy curioso, porque cuando el texto está tan bien escrito y la historia discurre como un cascabel, te apetece releerla y aprenderla para contársela a otros. Aquí hay materia para un buen narrador que sabrá hacer con su voz y gestos, un regalo para los oídos de quien escucha.

” !Qué enorme calamidad! – explicó el Médico a Firmín -. Liderando a sus hombres en una audaz carga contra el enemigo, !el Barón von Bombus ha perdido su brazo derecho! “

En el fragor de la batalla no lo habían podido encontrar, así que el carpintero debía fabricar uno de madera que ocupase su lugar.

Firmín pensó que aquél era el encargo más extraño que le habían hecho en su vida, pero sin acobardarse ante el desafío volvió a su taller, rebuscó hasta encontrar el pedazo de madera apropiado y se puso manos a la obra con su lápiz, su serrucho, su martillo y su formón.

Durante dos días con sus noches Firmín midió, trazó, serró, clavó, lijó y barnizó hasta que, al fin, al tercer día el brazo quedó terminado y listo para llevarlo al palacio.

Las ilustraciones son meticulosas, se aprecia un enorme trabajo en las texturas y en los detalles de los personajes y del atrezzo.

Las figuras tienen un aire muy personal, extremadamente estilizadas o ensanchadas, con un cierto hieratismo. Apetece mucho remirar las escenas y los objetos con calma.

He decidido aprenderme la historia de este prodigioso carpintero empeñado en hacer cosas bellas y este barón beligerante que sigue el camino inverso de Pinocho, para contarla con amigos en una de estas noches de verano.

Y en ello estoy.


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