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Arándanos para Sal. McCloskey

3 Abr

Corimbo_ISBN_978-84-8470-366-2

Arándanos para Sal. Robert McCloskey

Editorial Corimax, Barcelona 2013

Entre la multitud de libros atractivos de diferentes tamaños, con tapas duras y un derroche de colores sobre la enorme mesa de la librería en la que suelo curiosear, encuentro un pequeño libro, blando y con 59 páginas de texto ligero e ilustraciones de un solo color que abarcan el completo de cada página.

Me lo pido.

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En mi tierra hay muchas moras en verano y esto de los arándanos siempre me resultó exótico de pequeña, primero porque nunca los ví y segundo, porque sólo los escuchaba en las películas americanas, así que me quedó la sensación de bella y lejana rareza. Hacerlos protagonista de una historia, ya me cautivó.

Y es que McCloskey, el autor e ilustrador, es americano. Nació en 1914 en Hamilton, Ohio, y terminó viviendo en la isla de Maine con su mujer y sus dos hijas, escenario donde se desarrollan algunas de sus historias. Historias de la vida cercana llena de los quehaceres de una familia y de naturaleza.

De niño era un apasionado de la música y aprendió a tocar el piano, la armónica, la batería, y el oboe. Más tarde se interesó por todas las cosas mecánicas y eléctricas y llenó la casa con sus inventos. Pero fue en el arte donde encontró su vocación de vida. Ganó una beca para estudiar en la Escuela de Arte George Vesper en Boston, luego se trasladó a Nueva York para asistir a la Academia Nacional de Diseño. Casi por casualidad se volvió a los libros de los niños, basándose en las pasiones de su juventud para crear personajes memorables e ilustraciones de artista.

Robert McCloskey es uno de los autores de los niños americanos más queridos de todos los tiempos. Murió en 2003. Es autor e ilustrador de ocho libros, entre ellos Abran paso a los patitos, One morning in Maine, Time of Wonder y Arándanos para Sal son ganadores de las medallas Caldecott Honor .

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Sal es una pequeña niña, protagonista de varios de sus libros en los que va creciendo en cada una de las historias.

En Arándanos para Sal, sale a dar un paseo por el bosque con su madre en busca de arándanos para envasarlos y conservarlos para el invierno. Al mismo tiempo, una mamá Osa sale con su Osito por el bosque en busca de arándanos para comer antes de que el invierno llegue.

Sal y el osezno se despistan y toman otros caminos produciéndose una sorpresa en la que no faltan ni el humor ni el suspense para los más pequeños.

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¿Que buenos ingredientes tiene esta historia de Sal?

La pequeña protagonista se siente segura y la relación cariñosa con su madre le hace feliz. Poder imitarla y hacer las mismas cosas que hace ella le llena de confianza: lleva su cubo de latón para coger arándanos.

La simpatía con la que Sal no hace lo que se supone que es debido: se come los arándanos y termina perdida en el bosque encontrando a otra mamá que precisamente no es la suya. Añade aún más simpatía la similitud de la historia de mamá Osa y Osito; ver la misma escena en las páginas de un libro desde dos puntos de vista diferentes: el mío y el del otro.

Las referencias en el texto a onomatopeyas que le aportan juego a la lectura: !clin, clan, clon!, !cra,cra,cra!, ñam,ñam,ñam, !glup!

La naturaleza por todas partes: bosque, rocas, cuervos, perdices, arbustos, troncos…

Y un final placentero y tranquilizador.

978-84-8470-366-2i2

Uno de los ingredientes estrella son las ilustraciones en blanco y negro de McCloskey, llenas de movimiento y vida.

Son ilustraciones figurativas que van explicando lo que dice el texto pero añadiendo visualidad, paisajes llenos de detalles, animales que parecen pintados por un naturalista y especialmente, una expresividad fantástica tanto en los rostros y corporalidad de los personajes humanos como de los animales protagonistas.

Con una plumilla consigue enriquecer lo que hayas imaginado, con un estilo que ya no es frecuente en los libros ilustrados.

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Terminar con un detalle sobre este artista que me parece precioso, y es el homenaje a las historias infantiles de McCloskey con estas esculturas de bronce en el Lentil Park de Hamilton y en el Public Garden de Boston, que hacen referencia al primer libro que publicó, Lenteja, 1939, una historia sobre un niño y su armónica y  a Abran paso a los patitos, 1940, galardonado con una medalla Caldecott en 1941.

Esto es siempre un homenaje a la infancia.

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