Las adivinanzas suponen un juego de palabras y de lógica que ponen al que escucha, ante un reto que lleva su tiempo.
Estos juegos nos gustan porque son situaciones compartidas en las que al menos habitualmente hay dos: el que plantea la adivinanza y el que resuelve (o lo intenta).
Nos gustan además porque son frases, pequeñísimos textos intensos y comprimidos que tienen otro tiempo y otro perfil de lectura, que descubren más dimensiones de las palabras, porque juegan a parecer lo que no son.
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