El libro de las camas. Sylvia Plath y Quentin Blake

4 Jul

Si en algún momento del año puedes montar una cama en cualquier lugar, seguro que es en verano. Durante todo el año muchos pensamos que es uno de los mejores inventos, y nos ronda esta idea igual cuando se hace de noche, que cuando amanece.

Pero es en verano cuando las camas se hacen más creativas: recuerdo echar el colchón en el balcón de casa en las noches calurosas, o las mantas traperas en el suelo del campo para ver las perseidas, o la camita que mis padres montaban en el asiento de atrás del coche a la pequeña de la casa cuando hacíamos kilómetros en busca de playa…

La mayoría son Camas

para dormir o descansar,

pero las mejores Camas

sirven también para disfrutar.

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El libro de las camas

Sylvia Plath y QuentinBlake

Ed. Libros del Zorro Rojo, 2014

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Si un libro me hace recuperar el tiempo vivido, me provoca un viaje a la infancia, a la mía o la vivida con mis hijos, y va despertando recuerdos, escenas, vivencias y sensaciones guardadas como tesoros, entonces, lo sitúo en la biblioteca de los libros encendidos y sin dudarlo, hablo de él.

Mejor

una Cama para Pescar,

una Cama para Gatos,

una Cama para que Trapecistas

muestren sus garabatos.

Es increíble cómo El libro de las camas me trasladó de inmediato y como en un deslizante tobogán a gustosos lugares de la niñez:

a la cama de mis padres cuando los domingos nos metíamos todos en ella y mi padre nos contaba historias de raposas que nos hacían estar bien apretaditos del miedo que nos entraba, y que queríamos escuchar una y otra vez;

a la cama de niña, flanqueada a ambos lados de la almohada por todos los muñecos que dormían conmigo;

o la cama de la siesta con las hermanas, que se convertía en un barco rodeado de tiburones y nos empujábamos para caer, disparando gritos de socorro como si en verdad la boca de un tiburón fuese a salir de debajo de la cama y en realidad quien llegaba era mi madre con la zapatilla en la mano;

o la cama de los malabaristas con mis hijos, que tumbada los subía sujetando con mis pies sus barriguillas y desde las alturas jugaban a ser aviones con los brazos extendidos superando turbulencias en el aire;

o  cuando me quedaba algo pachucha en casa, sin ir al cole, y mi madre me preparaba la cama con colonia para pasar todo el día devorando los libros de Los Cinco;

y también me he asomado con esta lectura a las eternas conversaciones nocturnas con las amigas en la cama, cuando algo intuíamos de todo lo que se nos avecinaba por vivir…

  cams2

Sylvia Plath nos presenta en verso una lista de camas ingeniosas, estrambóticas, divertidas y lúdicas que nacen de la imaginación de una época de infancia y estoy segura que de una experiencia propia: camas tanque, camas nido, camas saltarinas, camas de bolsillo que crecen o se encogen como un guisante…

Y Quentin Blake dibuja, con ese estilo de apunte espontáneo lleno de movilidad, expresión, simpatía y frescura, que carga de mensajes cada ilustración en los más insignificantes detalles.

Un librito sencillo, un delicioso homenaje a los juegos, al espíritu imaginativo y a la diversión, desde las sábanas de una cama.

=

¿Para qué solo una Camita

acogedora y abrigada

donde pasar la noche

con la luz apagada?

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2 comentarios to “El libro de las camas. Sylvia Plath y Quentin Blake”

  1. Margarita Schultz julio 6, 2015 a 10:58 am #

    Muy atractivo el tema y frescos los dibujos!

    Me gusta

  2. Toñi julio 15, 2015 a 5:21 pm #

    Gracias por la información tan valiosa para mi que publicas.Buen verano.

    Me gusta

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