Max y Moritz. Wilhelm Busch

17 Jul

Este año cumplen 150 años sobre el papel y pocos personajes han podido superar el descaro y la artimaña gamberra con que estos dos muchachos alemanes han hecho disfrutar y reir a muchos niños desde entonces.

Su creador, Wilhelm Busch, es conocido como el Abuelo de los Cómics pues abrió nuevos caminos en el modo de contar historias combinando letra y dibujo con una gran movilidad y acción, y  también fué pionero en atreverse a presentar niños protagonistas rebeldes, desobedientes e incorrectos, con un final no menos sorprendente.

¿Cómo fué todo esto?

Te contamos más detalles… pero comencemos por el prólogo del autor para entrar en acción.

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Max y Moritz. Una historieta en siete travesuras

Wilhelm Busch

Tradución de Víctor Canicio

Editorial Impedimenta, 2012

Max y Moritz está considerado uno de los cuentos más famosos y divertidos del mundo. Trufado de humor negro y escrito en rimas en 1865, narra las siete fatídicas travesuras de los malvados Max y Moritz, antecedentes de todas y cada una de las parejas maléficas del cómic moderno y precursores de la historieta literaria más gamberra.

! Una pareja infernal dispuesta a sembrar el mal!

Wilhem Busch es uno de los más conocidos autores de la literatura alemana. Nació en 1852 en una familia de comerciantes e ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de Amberes. Tras una fuerte enfermedad y en su fase de recuperación, tomó contacto con los cuentos y canciones populares para ilustrarlos.

En 1859 inició sus publicaciones en el periódico satírico Fliegende Blätter y en el Münchner Bilderbogen, haciendo series cómicas con una gran carga de crítica social. En 1864 el primer editor con el que Busch quiso imprimir la historia de Max y Moritz lo rechazó convencido de que no sería un proyecto rentable. Fue un año más tarde cuando el autor recibió una respuesta entusiasta del editor Kaspar Braun. El libro se convirtió en un éxito inmediato y con el tiempo en un indiscutible clásico de la literatura alemana. Se ha traducido a más de 300 idiomas y dialectos y todos los niños alemanes han crecido recitando las rimas de Max y Moritz.

Nuestro autor formó parte de la burguesía alemana con una mentalidad liberal y laica, donde a pesar de lo mucho que la satirizó, tuvo siempre mucho éxito y simpatía.

Busch quiso ser un pintor de los grandes y consiguió ser un dibujante excepcional y un mago de la rima. Ya con la edad, en su retiro en el campo dedicado a otras ocupaciones, no dejó de dibujar y de cultivar la poesía y la filosofía.

¿Quiénes son Max y Moritz y cómo son sus travesuras?

Estos chicos son muy pillos, unos pícaros de mucho cuidado a los que mejor no perderles de vista porque se les ocurren unas ideas de traca, capaces de establecer un plan perfecto que raya la crueldad y que culmina con el robo de comida o con lesiones físicas. Y aunque parezca tremendo, el autor logra hacer reír al lector pese a la gravedad de la situación. El logro viene dado por la complicidad expresiva entre el texto y el dibujo.

Estas historietas en tono de humor y siempre con un lenguaje trivial, están contadas en clave de rima con versos fáciles repletos de agudeza, de ingeniosas ideas rítmicas y verbales. No es nada fácil su traducción y destacamos la fantástica hecha por Víctor Canicio.

Al texto viene unida la viñeta con dibujos caricaturizados y tremendamente expresivos. En las escenas hay una acción muy clara que representan movimientos muy narrativos, con mucha gracia, rozando la ridiculez de los personajes, la picaresca en el gesto y las posturas, y el humor en las situaciones disparatadas y canallas.

Las siete aventuras:

En las dos primeras aventuras los muchachos consiguen dar muerte a las gallinas y al gallo de la viuda Blume, robárselos del asador sin que ella se entere de nada y además le propine una tanda de sartenazos al perro pensando que es el culpable; la tercera aventura la emprenden contra Segismundo García, un sastre muy conocido al que tienden una trampa para caer de bruces al río; en la cuarta aventura el objetivo es maese Petrus, el maestro, un fumador de cachimba al que el dúo de golfos le rellenan la pipa con pólvora, ocasionándole un buen estropicio en la cara con la explosión; si la cuarta ha sido fatal, la quinta, otra que tal… porque a su tío carnal le llenan la cama de abejorros que le fríen a picotazos; y en la sexta, de la que salen vivos de milagro, entran en el horno para robar rosquillas y casi terminan achicharrados como panes en el horno; y la última, la séptima (como los días de la semana), la emprenden con un labrador rajando los sacos de grano que cargaba a la espalda; éste, que descubre dónde le aprieta el zapato, mete a los muchachos en los sacos y los echa al molino, para terminar convertidos en granos de trigo.

Max y Moritz

 

A juicio de Weissweiler, Max y Moritz es más un libro político que un libro infantil. “En la década de los sesenta del siglo XIX tuvieron lugar migraciones masivas de campesinos pobres que dejaban las tierras germanas para buscar una mejor vida en Estados Unidos. Y muchos de estos emigrantes dejaban atrás a su numerosa prole. Por eso se veía a tantos niños vagando sin dolientes por todos lados; jovencitos famélicos que se alimentaban robando lo que podían, tal como lo hacen Max y Moritz en la historia de Busch”, explica Weissweiler.

“La moraleja de Busch es una denuncia llena de humor contra las espantosas condiciones sociales que los adultos de su época habían creado”, acota la biógrafa del autor. (Made for minds)

Max und Moritz von Wilhelm Busch - Deutsche Bundespost - Design Heinz Schillinger

La publicación de Max y Moritz en 1865, fue recibida con disgusto y escándalo. Profesores y pedagogos lo consideraron como un texto subversivo pues sus travesuras venían cargadas de cierta malicia y podrían ejercer una mala influencia sobre los demás niños, pero no pudieron frenar su éxito entre el público infantil y adulto.

El autor hizo una jugada perfecta: nadie puede decir que no destile un cierto regusto moralizante, un final justiciero para los malvados y una rematada moraleja que calma las preocupaciones de los padres y adultos ante tanta gamberrada; pero también cierto es, que todo viene acompañado de un fino humor, de un guiño a la broma, de una sátira, que incluso ante un final tan espeluznante para los pillos, como acabar realmente triturados, no deja de contarlo con una comicidad que podríamos calificar de humor negro.

Tras Max y Moritz vendrían muchos personajes infantiles rebeldes, simpáticos, filosóficos, críticos, cómicos… que inspirados o no en esta pareja, contribuyeron a formar parte de una lista de incómodos jóvenes que ponían al descubierto cuestionadas conductas adultas y sociales: Tom Sawyer y Huckleberry, Guillermo, Alicia, Pinocho, Pippi, Max, Zipi y Zape o la mayoría de los personajes de Dahl, entre otros.

 

 

 

Las ilustraciones de Wilhem Busch contribuyeron a desarrollar el lenguaje del tebeo. Sus caricaturas tan exageradas y expresivas fueron antecesoras de la tira cómica.

Precisamente este año, con la celebración del 150 cumpleaños de su publicación,  en el  Museo Wilhelm Busch de Hannover se dedica especial atención al papel que Max y Moritz juega en la historia del cómic como género narrativo. El libro es percibido como un precursor del cómic moderno, que treinta años después nació en los periódicos estadounidenses poco antes del siglo XX.

En 1895 se publica en el New York World, de la mano de Richard Felton Outcault, The Yellow Kid: una serie recordada en la historia del cómic por ser la primera en usar globos o bocadillos para contener el diálogo de los personajes, aunque el chico usualmente se comunicaba a través de frases que aparecían impresas en su camisa. Parece ser que ya el año antes se había publicado en New York esta tira en la revista Verdad.

Y en diciembre de 1897,la serie  The Katzenjammer Kids apareció por primera vez en la edición dominical del New York Journal. Su creador: el dibujante alemán Rudolph Dirk.

El magnate de los medios William Randolph Hearst le había encomendado el diseño de unas tiras cómicas al estilo de Max y Moritz para aumentar las ventas de su diario. Dirk le tomó la palabra e, inspirándose en el trabajo de Busch, creó a los traviesos mellizos Hans y Fritz, que hacen enojar a los mayores.

El lenguaje gráfico de las viñetas y su contenido temático nos crea dudas en muchas ocasiones sobre a qué lectores va dirigido realmente, porque aunque los protagonistas sean niños y atraigan las miradas de iguales, las historias tienen constantes guiños al adulto que a veces incomodan o le roban una apuntada sonrisa. Seguramente no había en la mente del autor un receptor concreto, ni mucho menos una concesión al pensamiento dominante del momento.

Esta forma de comunicación encontró su lugar en la prensa y se ha extendido hasta nuestros días con un público adulto e infantil muy entregado a su lectura.

Una exhibición del Museo Wilhelm Busch de Hannover celebra los 150 años de la obra “Max y Moritz”.

Una exhibición del Museo Wilhelm Busch de Hannover celebra los 150 años de la obra “Max y Moritz”

 

Os recomendamos Max y Moritz en su cumpleaños, un clásico indispensable que apuntar en nuestro diario de lecturas.

!Y cuidado con estas siestas de verano, que son propensas a los ardides de niños aburridos e ingeniosos…! !cuántas travesuras podríamos contar!

 

Fuentes:

Made for minds

Babar

Imaginaria

 UDLibros

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  1. Max y Moritz. Wilhelm Busch | Biblioteca escola... - agosto 3, 2015

    […] Este año cumplen 150 años sobre el papel y pocos personajes han podido superar el descaro y la artimaña gamberra con que estos dos muchachos alemanes han hecho disfrutar y reir a muchos niños desde entonces.  […]

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