Mari Carmen Díez Navarro: la oreja verde de la escuela.

4 May

Mari Carmen Díez Navarro lleva muchos años en la escuela con los más pequeños. Tantos, que este mismo año se ha jubilado. Pero no creas que es mayor, de verdad que no. Solo escucharla, ver cómo sonríe y cómo le brillan los ojos cuando habla de los niños y de la escuela, es darte cuenta de que está llena de vitalidad y de ganas de seguir enredada en todo esto.

Es un cascabel.

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Sus libros y artículos acerca de cómo vivir la escuela, están llenos de juego, literatura, exploración y arte. Cuatro caminos para aprender y no perder la constante curiosidad por lo que nos rodea. Y todo esto, dando equilibrio al piso de arriba y al piso de abajo.

Mari Carmen nos cuenta que el piso de arriba es lo objetivo, lo racional, los conocimientos y se encuentra en la parte superior del cuerpo. El piso de abajo está más a la altura del corazón, y nos habla de las inquietudes, los miedos, las emociones.

Lo ideal es hallar el equilibrio de ambos pisos, y sin lugar a dudas, la escuela debe escuchar y atender al piso de abajo de sus habitantes. Al fin y al cabo, un niño quiere ir al colegio por encontrarse con amigos, por contarle a la seño una vivencia, por continuar con un juego en el patio, para enseñarle a sus amigos un tesoro, y para sentirse querido y aceptado.

Quiero una escuela que dé paso a la escucha, a la relación, al placer, al aprendizaje y a los afectos que trae consigo la vida de cada día. Es de esa escuela, que intento conseguir, de la que hablaré aquí. Y lo haré, sencillamente, desde mí. Desde mi experiencia como alumna, como maestra, como madre, como persona. También desde mi formación, mi reflexión, mi intuición y mi “piso de abajo” afectivo.

Mari Carmen Díez Navarro tiene una especial manera de escuchar a los niños. Sus libros están construidos a partir de las conversaciones y diálogos entre ellos y con la maestra. Les escucha, les entiende y entra en la dinámica de la conversación en un tono de entendimiento, de respeto, sin ñoñerías ni superioridades. Nos acerca al pensamiento y al sentimiento infantil de una manera muy bonita.

Le hacen chirivitas los ojos y se le infla la sonrisa cuando habla de los niños; y contagia a quien le escucha de alegría, de entendimiento, de coherencia y cariño.

Ella tiene esa oreja de la que Rodari nos habló. Una oreja verde, fresquita, joven, viva y curiosa.

Este poema de Rodari nos contaba que en el expreso de Soria a Monterde, se encontró con un hombre que bien maduro y nada joven, tenía una oreja verde. La curiosidad le llevó a preguntarle cómo siendo ya mayor, tenía una oreja así. A lo que le respondió:

Puede llamarme viejo pero esta oreja me queda de mis tiempos de niño. Con ella puedo escuchar lo que los mayores ya no pueden: la voz del árbol, del arroyo, del pájaro, de la nube en el cielo. Y comprendo a los niños cuando hablan de esas cosas que a una oreja madura resultan misteriosas.

Pues eso mismo nos ha pasado en el CPR de Cáceres, que llegó Mari Carmen Díez Navarro, una mujer alegre y sabia con una oreja verde de la que aprendimos a escuchar muchas cosas en la escuela.

Mari Carmen nos habla de la importancia de la escucha. Para ella un maestro tiene que mostrarse como es, exponerse y acompañar a los niños en la constante búsqueda de la comprensión de lo que nos rodea; tiene que tener capacidad de asombro, saber que le queda mucho por aprender, disfrutar de su trabajo y coleccionar momentos placenteros en la escuela.

Antes yo ocupaba buena parte de mi tiempo en reflexionar -sola y con otros-, en las cosas de mi oficio. Que si la función del maestro. Que si los objetivos, el currículum, las programaciones, los papeles… Que si estar delante de los niños, al lado, detrás… Que si la paz, la coeducación, la ecología, la informática… Que si el derecho a la igualdad, a la diversidad, a lo individual, a lo grupal…

Y mientras pensaba, los niños iban creciendo entre peleas, cariños, bullicio y cosas nuevas ahí mismo, justo delante de mí. Por suerte, alguno de los días, me debieron de alcanzar unas gotas de sentido común (¡que ya lo iba necesitando…!), y pude entrever una manera de estar en la escuela, que ha afilado la punta a mi sueño pedagógico.

A partir de ahí me dediqué a trabajar con los niños persiguiendo deseos y curiosidades -suyas y mías-, incluyendo en el aprendizaje todo lo que nos interesa, nos atrae, o nos inquieta, y dándole sitio a ese “piso de abajo”, que tenemos cada cual, y que es donde se cuecen los afectos, motores imparables que nos empujan hacia el saber, hacia los otros, hacia la vida…

Estar atenta a los brillantes tanteos de los niños, a sus peregrinas ideas, a sus chispeantes conversaciones, escuchar sus propuestas en firme de querer averiguar sobre los pájaros, las sirenas, los esqueletos, o las pesadillas es tan entretenido, tan vivo, tan apasionante… que no quiero ni acordarme de aquellos otros tiempos de cursillos y penas en los que, cargada de pedagógicas razones, intentaba enseñar, en lugar de aprender, y, sin darme ni cuenta, me iba alejando de la vida que se me brindaba, gozosa, a sólo un paso.

Y es que hacer de maestro, a lo mejor no tiene por qué ser un asunto tan rotundamente pedagógico…

Con el tiempo Mari Carmen comenzó a modificar su manera de estar en la escuela y el modo en que alcanzar aprendizajes con los niños. Y de los Centros de interés, pasó a trabajar por Proyectos. De esto hace ya más de 20 años: es una pionera en llevar a cabo esta pedagogía.

Algunas ideas del Trabajo por Proyectos:

  • Habitualmente surgen del deseo y la curiosidad de los niños.
  • Se aprende en grupo.
  • El papel del maestro en el proceso de aprendizaje se convierte en acompañante, mediador, observador y también aprende.
  • La familia participa en la construcción del proyecto.
  • El proyecto es un proceso. No empieza y se cierra al momento. Va creciendo y generando cuestiones y actividades.
  • Hay un proceso de investigación y se aprende a aprender.
  • No hay un único modelo de proyecto; hay tantos como situaciones en los que surge el interés por comenzar a saber sobre algo.
  • Se realiza un producto final que recoge lo aprendido, hablado y vivido.

No sabéis qué placer escuchar a esta mujer. El tiempo vuela cuando explica lo que hace en la escuela, cuando desgrana sus ideas pedagógicas o cuando te cuenta lo que le han dicho los niños.

Solo me queda recomendarte sus libros, sus muchos artículos en Cuadernos de Pedagogía y la revista Infancia.

Y si sabes de algún lugar donde de una charla, no te lo pierdas: ve y lleva a tus compañeras, porque si le escuchas con tu oreja verde, tu escuela será un poquito mejor.

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Así de atentos estuvimos todas las maestras si quieres verlo desde aquí.

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6 comentarios to “Mari Carmen Díez Navarro: la oreja verde de la escuela.”

  1. María mayo 4, 2016 a 9:52 pm #

    Ya había leído sus libros aunque personalmente no la conocía. Me encantó poder escucharla y sentir la fuerza con la que transmitía. Una maestra con las ideas claras y un espíritu joven.
    Has resumido a la perfección todo lo que nos transmitió, sobre todo del piso de abajo de la escuela.

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  2. Fernanda Medina mayo 5, 2016 a 9:43 am #

    Leí hace tiempo Mi escuela sabe a naranja, y pronto se convirtió en uno de mis libros preferidos sobre la convivencia con niños. Creo que sus alumnos son personitas con mucha suerte… y también vosotras que la habéis disfrutado en vivo! Qué alegría me da que siga habiendo personas así que tengan la escuela como vocación.

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  3. Carolina Capelli agosto 20, 2017 a 7:27 pm #

    Hola, ¿tienen algún tipo de contacto de la Señora Mari Carmen? Me gustaría contactarla y no puedo encontrar su correo. Ojalá puedan ayudarme. ¡Muchas gracias y lindo día!

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