Manolito Gafotas. Elvira Lindo y Emilio Urberuaga. En los Círculos de Lectura

18 Mar

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Nos hemos lanzado a la lectura de Manolito Gafotas en los Círculos de Lectura, porque este ya clásico de nuestra literatura no podía faltar en nuestro itinerario lector.

El último mono, como le llama su madre, o Manolito García Moreno, su nombre de pila, o Gafotas, como le conocen en el barrio,  nos ha enamorado (a muchas de nuevo) por un montonazo de cosas.

El humor en la lectura es un tesoro impagable y cada libro que nos hace reír es candidato a la mejor estantería de libros del mundo mundial. Esta es una de las razones de peso.

A través de esta risa nos conduce en muchas ocasiones hacia una realidad no tan divertida en la que los abuelos se hacen muy viejos, en el cole te atizan, tu hermano pequeño es un plasta, se cenan salchichas porque no hay quien estire más el monedero, se encuentran jeringuillas en el parque o algo feo se avecina cuando tu madre está callada, porque… “cuando mi madre está callada es que la Tierra ha dejado de girar”.

Todo esto lo encuentras en el libro, así, entre risa y risa, y es una mezcla explosiva maravillosa, nada sencillo de inventar (¡ni caso a los listillos prejuiciosos de la LIJ!).

Manolito está feliz por vivir.

Manolito Gafotas

Elvira Lindo

Ilustraciones de Emilio Urberuaga

Editorial Alfaguara, 2005

 

Manolito Gafotas nació de madrugada en la Radio, en la década de 1980, cuando Elvira Lindo era locutora y guionista de radio. Eran monólogos escritos para adultos con tanto éxito que saltaron al papel, primero al suplemento del Pequeño País (¡qué lástima que ya no haya suplementos para los pequeños lectores!), y posteriormente se publicó la primera novela en 1994. (Que es la que hemos leído nosotros)

A partir de ésta, han sido siete títulos de Manolito Gafotas publicados en una década, y con el cuarto, “Los trapos sucios”, Elvira Lindo recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1998.

Luego en 2012 publicó un Manolito ya mayorcete, que sería el octavo: “Mejor Manolo”.

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Dice Elvira Lindo en una de sus entrevistas, que escribió las historias desde su lado infantil, y desde los niños y adolescentes que le rodeaban en casa.

Comenta con sorpresa si hubiese sido posible escribirlo ahora, en estos tiempos en que la sociedad tiene una piel muy fina con el humor y todo tiene que ser tan aparentemente correcto.

En las historias de Manolito se leen asuntos de adultos y presentes alrededor de la vida de los niños como la política, el SIDA o el banco, sobre los que los niños sacan sus conclusiones e ideas, que aunque en apariencia parecen sencillas y concretas, llegan sin embargo cargadas de una crítica y reflexión que dan en el clavo.

Para lograr la construcción de este escenario de personajes, de situaciones y de conflictos que atrapan al lector, mucho lo ha logrado el lenguaje que utiliza la autora.

Ella comenta que el lenguaje es como plastilina, ¡y se convierte en una experta niña con una enorme bola de plastilina!: la locuacidad de Manolito, las descripciones que se dibujan en tu cabeza, los diálogos tan vivos, las expresiones molonas… un lenguaje muy directo, cotidiano y gamberro que te hace imaginar y vivir lo que sucede en el libro. (Cuando esto te pasa con un libro, es pura magia. Apúntalo)

Manolito Gafotas es un personaje que ha facilitado el trayecto lector de muchos adultos de hoy.

Y aquí estamos conversando sobre nuestra lectura.

En esta ocasión estaba con nosotros Javier Fonseca García-Donás como escritor invitado a nuestra sesión.

Nos encanta implicar a nuestros invitados en estas lecturas porque siempre nos enriquecen con sus aportaciones y sus expertas miradas lectoras. Nos hacen apreciar muchas situaciones y matices que, como conocedores de la literatura infantil y juvenil, son muy esclarecedores para nosotros.

Javier puso el acento en la voz narrativa: cómo ésta, al estar en primera persona y hablar de tú a tú al lector, hace más próxima la historia y más cómplice al protagonista. Junto a él vamos mirando el mundo desde los ojos de un niño que cuenta lo que se le pasa de la cabeza, se dispersa, va de un lado a otro en lo que narra provocando así mucho humor, al mismo tiempo que aprovecha la oportunidad de hablar sobre asuntos muy dispares.

Ojos de niño que caricaturizan al adulto y que no deja de ser un guiño al lector para ponerlo de su parte.

Me gustó mucho cuando Javier dio importancia a que no se debía olvidar el pacto de ficción que siempre hay entre lector y autor ante una historia. Los niños comprenden perfectamente este pacto y entran en el juego entendiendo perfectamente los límites de cada situación. ¿Lo respetamos los adultos?

Una de las propuestas para esta sesión fue traer objetos relacionados con la lectura y montar un espacio en la sala para Manolito Gafotas.

Lo hacemos porque nos divierte, pero también porque ésta es una manera de revivir la historia y un recurso fantástico para que lo hagamos con nuestros alumnos. A través del objeto que llevan pueden contar por qué lo han elegido, con quién lo identifican, en qué episodio aparece…

Es un hilo conductor para que hablar delante de los demás sea más fácil.

Y el espacio se llenó de gafas, bufandas, navajas, un libro del Museo del Prado, rotuladores de colores, un vaso de agua, un pequeño camión… que tejían el mundo de Manolito.

 

Manolito Gafotas se escucha mientras se lee. Es una lectura perfecta para hacer en voz alta, para leer juntos.

Nosotros la hemos leído así en casa y creo que nos hemos reído el doble porque escuchar las risas del otro te hace reír aún más. Además, el libro está escrito como en episodios lo que hace que sea una lectura ligera y muy amena.

Elvira Lindo es maestra del pequeño detalle, de ése que diminuto como un microchip, casi imperceptible,  va cargado de información, es un conductor potente, un circuito inmenso que con un gesto, una frasecilla o un movimiento, te cuenta y entiendes todo desde los dinosaurios. ¡Una pasada!

 

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Dicen que Manolito vive lo cotidiano como algo extraordinario.

Pero a mí me parece que toda la panda del Orejones, la familia del abuelo Nicolás, la clase de Paquito Medina, la Gran Vía de Madrid, las Tres Gracias de Rubens, la botella de Fundador del mueble bar, y el barrio de Carabanchel… son inmensamente extraordinarios.

Una lectura inolvidable.

(Seguiremos recordándola hasta cuando seamos superpróstatas)

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Y ya las últimas cosillas:

  • El lote de libros que hemos leído en los Círculos de lectura ha sido un préstamo del Plan de Fomento de Extremadura.
  • Emilio Urberuaga, el ilustrador de Manolito, fué Premio Nacional de Ilustración en 2011
  • Y como dice la madre de Manolito.. “Lo estaba viendo desde hace un rato” … ¿ te vas a poner a leer a Manolito?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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