La Caimana. Mª Eugenia Manrique y Ramón París.

26 Feb

” Esta historia sucedió en San Fernando de Apure, una ciudad a orillas de un ancho río donde viven muchos caimanes”.

Me gustan estas historias que nacen de un hecho real, contadas en conversaciones familiares, de amigos o de vecinos, que con el tiempo empiezan a tomar tintes de leyenda y hasta se llega a dudar de su veracidad.

Este es el aire que nos trae este relato que nos ha regalado un tiempo precioso de lectura en soledad y después, un delicioso rato de conversación.

La piel del caimán es muy apreciada y no faltan cazadores que les den presa.

A orillas del río unos niños encuentran una cría de caimán huérfana y Faoro, un joven joyero y relojero, decide llevársela a casa para cuidarla y criarla. Con el tiempo y la buena costumbre, se convierte en su inseparable animal de compañía para el asombro y curiosidad de todos los vecinos del pueblo y de los alrededores.

Pensaba y hablábamos, tras leer La Caimana, en las historias que hemos escuchado de personas que han tenido peculiares animales de compañía: animales nunca asociados a la cercanía afectuosa y confiada de personas y que, sin embargo, han convivido en hogares ante la expectación e incredulidad de otros.

Habitualmente pensamos en estas estrechas relaciones en que la ausencia  o la muerte sobreviene antes al animal y en esta historia, nos conmueve el duelo sufrido por la Caimana y la esperanza de vida encontrada en la voz de los otros.

Es una conmovedora historia que además viene muy aderezada en la ultima página del libro con todos los apuntes del suceso real, ya fuera del relato . Algunos acontecimientos han sido obviados en el texto y nos han parecido muy sorprendentes, tanto, que me gustará incluirlos en la historia cuando se de la oportunidad de compartirla.

El formato del libro, estrecho y alargado, está pensado para que quepa en él una caimana bien estirada, sin encogerse. Y parece como si se hubiese hecho así para dos de las ilustraciones más sorprendentes e inolvidables: el paisaje del pueblo con el río de caimanes, y la Caimana, a la que llaman Negro, jugando con los niños.

¡Espectaculares!

¿Alguien puede olvidar esta historia tras ver estas imágenes?

El iustrador, Ramón París, nos aporta tantas pinceladas a la historia que nos adentra en un lugar hasta su corazón.

Las geniales ilustraciones, constantes a doble página, transmiten un ambiente selvático repleto de elementos que nos transportan (a los de acá) a otra Naturaleza: puercoespín, cunaguaro, tortugas, enormes plantas…

Y el dedo persigue a esos animales que en cada página aparecen sin color.

 

Disfrutamos recordando al hilo de esta lectura algunas compañías nada habituales que hemos conocido:

Sil, el oso que tuvo el abuelo Juan; el mono que trajo nuestro vecino Luis de África y puso la casa para arriba; el padre de mi amiga Pilar tuvo un ciervo que acudía a comer mansamante a la puerta del corral; el zorro que cada noche acompañaba a unos amigos en el porche de su casa de campo y llegó a tener mofletes con las sobras de la cena; o los dos tritones que de niño tuvo Juan en el balcón de su habitación.

Nos gusta cuando las historias nos adentran en otros parámetros y rompen ideas preestablecidas para imaginar otros mundos posibles.

La Caimana

Mª Eugenia Manrique

Il. Ramón París

Editorial Ekaré, 2018

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