Archivo | junio, 2020

Ernesto y Celestina, músicos callejeros. Gabrielle Vincent

22 Jun

 

 

Estoy enamorada de Ernesto y Celestina.

Adentrarse en las páginas de sus historias, estar en su casa, acompañarles en sus proyectos o escuchar sus conversaciones me da mucha vida.

Su maravillosa creadora, Gabrielle Vincent o Monique Martin, que es (fue) su verdadero nombre, ha conjugado ilustración y texto de manera sutil y profunda.

Los paseos por sus libros si lo haces de manera pausada y con ojo observador, dejan el rastro de muchas ideas y maneras de vivir: la prevalencia del valor de la amistad, la compañía y el cuidado, el consumo responsable o la sencillez de la vida en el día a día..

En el protagonismo de la vida cotidiana de Ernesto y Celestina (un enorme oso adulto y una ratoncilla que hace de niña), se combinan los habituales conflictos de la infancia como los caprichos o los miedos, con otros asuntos de calado como la pobreza o la adopción.

Todas las historias transmiten y despliegan a través de las ilustraciones y de los textos las emociones posibles en los seres humanos, y que llegan a los lectores de un modo tan limpio, claro y directo, que es aquí, desde la calidad de estos libros, desde donde prefiero compartir con niños y niñas honestamente el auténtico latir de ellas: alegría, tristeza, lágrimas, dulzura, ternura, enfado, incertidumbre…

 

Sí. Ernesto y Celestina son algo bohemios.

Me gusta ese desorden que se percibe en la casa cuando no siempre los zapatos están juntos y en su sitio, o los platos aún no se han lavado, o los papeles se esparcen por el suelo; todo ello porque se dejan llevar por la pasión de tocar el violín, por el placer de no terminar una conversación o el gusto de recordar una canción.

No encontraremos en sus páginas ese orden meticuloso de casa de revista, ni tampoco esperes encontrar ropa impecable de última moda, o que todo el mundo deba sentarse en una silla ignorando un buen cojín en el suelo. Nada de esto.

Sí: cerrarás el libro con una enorme y satisfactoria sonrisa provocada por el encuentro con dos personajes que se quieren, se animan, están llenos de alegría, comparten proyectos y son felices por encima de todo, viviendo con pasión.

De Ernesto y Celestina músicos callejeros, me gustan especialmente estas escenas .

(Bueno, no sé si te he contado que Ernesto y Celestina descubren una gotera en el desván y no tienen dinero para el arreglo. Deciden salir juntos a la calle a cantar y a tocar el violín para sacar algunas monedas… Lo mejor es que no te lo pierdas desde el libro en tus manos 😉

Esta doble página es genial. Hay un paralelismo entre ambas: el texto sigue la misma pauta pues hay una pregunta y una respuesta contundente. Tanto la ratoncita niña como el oso adulto se comunican con cariño y sinceridad. Ambos necesitan el apoyo y la confianza del otro sin importar que uno sea adulto y la otra niña. Escucha empática.

Las ilustraciones de las dos páginas son reveladoras y divertidas: en una nos adentramos en el interior de la habitación a la hora de dormir, con ropas de estar en casa; y en la otra salimos a la calle y para ello el atuendo es propio de un músico interesante, un tanto extravagante con el sombrero, y bien abrigados porque hace frío.

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Ernesto y Celestina, músicos callejeros

Gabrielle Vincent

Editorial Kalandraka, 2017

La universalidad de los temas en las 26 historias publicadas de Ernesto y Celestina (desde 1970, Ernesto y Celestina han perdido a Simeón, hasta el 2001 en que se editó el último título, Las preguntas de Celestina), la efectividad de los dibujos y la calidad del texto, permiten leer a varias velocidades y hace que sus libros sean accesibles para todo tipo de público: tanto los niños pequeños y los padres disfrutarán de la lectura.

Esto es lo que Monique Martin escribió al respecto en 1994 a sus editores japoneses:

Para que un “libro ilustrado” sea atractivo, conmovedor, deseable y para que se establezca la comunicación entre el autor y el lector (niño o adulto), debe dibujarse “por diversión”. (…) El niño (y el lector adulto) sentirá esta alegría. Se comunicará con él, de forma bastante natural. Si el autor, el diseñador, primero dibuja o pinta para sí mismo, el libro de imágenes también fascinará al adulto, el padre que leerá contará la historia mejor a su hijo (o a sus alumnos ). (…) Habrá una buena connivencia entre el lector y el niño. (…) El autor, el lector adulto y el niño, compartirán el placer y la “vibración”.

Puedes leer más sobre la autora y sus libros desde Biblioabrazo.

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