La vuelta al mundo en 80 días. Julio Verne

8 Oct

Voy caminando al trabajo con la hora apurada y no quiero llegar tarde.

Si fuese un tren como en los que viaja Phileas Fogg, sería imposible acelerar pues no les permitían modificar ni su ritmo y ni el horario de llegada. Sin embargo, si fuese un paquebote, aquellos barcos que transportaban correo y pasajeros, alguien podría darme una interesante suma de dinero para que aumentase la velocidad y poder llegar mucho antes de lo previsto. Así fue como Mr. Fogg logró llegar con suficiente tiempo a muchos de los puertos.

Así que, en este camino de casa al trabajo me digo:

¡Vamos, acelerando, como si fueses paquebote!. Que si llegas a la hora, te premio con café y tostada parisina.

Estas cosas son las que pasan cuando estás en una historia incluso cuando dejas de leer: todo te conduce y te conecta a ella.

¡¡Y llegué a la hora!!

La vuelta al mundo en 80 días

Julio Verne

Ilustraciones de Jameś Prunier

Editorial SM, 1996

Llegada a Suez, miércoles 9 de octubre, 11 de la mañana.

Mr. Fogg registró estos datos sobre un itinerario dispuesto en columnas que indicaba, desde el 2 de octubre hasta el 21 de diciembre, el mes, el día de la semana, la fecha, las llegadas reglamentarias y las llegadas reales a cada punto principal – París, Brindisi, Suez, Bombay, Calcuta, Singapur, Hong Kong, Yokohama, San Francisco, Nueva York, Liverpool y Londres -, y que permitía cifrar el adelanto obtenido o el retraso sufrido en cada tramo recorrido.

Cada cierto tiempo me gusta leer un clásico de la literatura pendiente en mi lista de lectora. Disfruto mucho el momento de la elección y siempre me sorprende lo bien que lo paso a pesar de conocer por otros medios la historia y a los protagonistas. Siempre ganan en la lectura.

Londres, 1872: Phlileas Fogg, gentleman británico, y Passepartout, su fiel criado francés, emprenden un viaje alrededor del mundo durante 80 días para lograr ganar una apuesta de 20.000 libras que el inglés ha retado a sus amigos del Reform Club. Perseguidos por el inspector Fix, quien sospecha equivocado que Fogg es el ladrón de un robo reciente de 25.000 libras, y con los nuevos protagonistas que irán apareciendo en el escenario de la historia, muy especialmente la bella Auda, a la que liberan de un espantoso sacrificio, se conforma un apasionante libro de viajes alrededor del mundo.

Valoro muy bien esta edición de la colección Clásicos Universales publicada por SM. Viene comentada e ilustrada, con fotografías de la época y mapas de los lugares transitados. Los pequeños apuntes y comentarios que aparecen en los márgenes de las páginas no me han sacado de la historia y han enriquecido el conocimiento de muchos detalles históricos, geográficos, antropológicos, culturales y ambientales que en ella aparecen.

Me ha parecido fascinante:

El juego de personajes, protagonista y antagonista, con dos personalidades tan opuestas y complementarias. Phileas Fogg, inglés impasible, calmado, parco en palabras, seguro y metódico, acompañado de Passepartout, francés apasionado, hablador, curioso y sociable. Mientras Fogg se queda en el camarote, quien visita los países por los que pasan es el criado; es quien se mezcla con los habitantes en mercados, puertos y terrazas siendo nuestro guía en cada lugar. ¿Cuántas parejas literarias conocemos con referencias similares?

Las detalladas descripciones de cada ciudad, travesía, construcción o bosque es una oportunidad para disfrutar del mundo, de sus variados escenarios, para conocer más y mejor lo que sucede en ellos.

Inmensos bosques de latanias, de arecas, de bambúes, de mirísticas, de tecas, de gigantescas mimosas y de helechos arborescentes cubrían las tierras en primer plano sobre un fondo en el que se perfilaba la elegante silueta de las montañas“. (Las Islas Andamán en el golfo de Bengala)

Passepartout se paseó durante algunas horas en medio de aquella multitud abigarrada, contemplando también las curiosas y bien surtidas tiendas, los bazares en los que se amontona todo el oropel de la orfebrería japonesa, las “restauraciones” adornadas con banderas y banderolas, en las que le estaba vedado entrar, las casas de té, donde se beben grandes tazas de perfumada agua caliente además del saki, licor que se obtiene de la fermentación del arroz, y los confortables fumaderos, donde se fuma un tabaco de una gran finura, y no opio, cuyo consumo es casi desconocido en Japón.”

El ilustrador de este libro, Jame´s Prunier hace un trabajo increíble. Sus dibujos nos sitúan en cada ambiente de manera sutil y en especial, me encantan sus ilustraciones de barcos. Navegas en ellos.

Sin duda los barcos, el mar y los puertos son protagonistas en esta obra. En ellos hacemos travesías con tifones, tempestades y borrascas; cada puerto es un hormiguero de barcos de todas las nacionalidades y tendrás que ponerte a tono con el lenguaje marinero:

“El piloto tomó de antemano sus medidas de precaución. Hizo recoger todas las velas de la goleta y arriar todas las vergas sobre el puente. Se desmontaron los masteleros de velacho. Se retiró el bauprés. Se condenaron cuidadosamente los cuarteles de las escotillas. A guisa de trinquete fue izada una solo vela triangular, un tormentín de lona fuerte que sirviera para mantener la goleta viento en popa. Y esperaron.”

La idea de viajar y recorrer el mundo en el siglo XIX en los nuevos medios de transportes como el vapor o el tren, era entonces una aventura exótica, atrevida y que alentaba el espíritu viajero y humanístico.

Fue un siglo de colonialismos en África y Asia, avivado por las innovaciones en la industria y la tecnología. Un siglo de sociedades científicas en las que se generaron auténticas revoluciones culturales como la que propició el naturalista Darwin.

En la línea de estos descubrimientos se encuentra otra de las ideas apasionantes de la historia justo al final, cuando descubren que esta vuelta al mundo hacia el este vulnera nuestra medida del tiempo.

Una aventura muy disparatada y entretenida que nos ofrece muchas oportunidades para ampliar nuestros conocimientos y para interesantes debates si al leer, sabiendo que te transportarás a dos siglos atrás, descubres muchas claves de la sociedad de entonces.

Los clásicos son sorprendentes, aunque ya sepas de ellos.

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