Mujercitas. Louisa May Alcott

9 Feb

Cuánto se disfrutan los clásicos al leerlos o releerlos. Descubro en ellos nuevas miradas y lecturas que me sorprenden. Termino con un montón de notas, de páginas dobladas y señaladas para no olvidar una idea, una frase…

Todos llevamos en nuestro imaginario el escenario que rodea a los Clásicos porque se han llevado al cine, se han realizado animaciones, cientos de adaptaciones y versiones en múltiples géneros, pero la lectura de una buena traducción del texto original te lleva a vivencias y descubrimientos de rincones íntimos de los personajes que destellan mucho menos fuera de los libros.

También es cierto que en las relecturas te abres a otras indagaciones, te interesas por el tiempo en que se escribió y por algunas coordenadas históricas que dan sentido a los sucesos. Y sin duda quieres saber mucho más sobre cómo era quien escribió la historia.

Mujercitas es una de las historias más conocidas entre los Clásicos.

Su publicación en 1868 fue un bombazo y todos querían leer y saber la historia de estas cinco mujeres, una madre y sus cuatro hijas, que en un entorno muy cerrado, con el trasfondo de la guerra civil americana, en una sociedad puritana y con cierta precariedad económica plantean nuevos valores sobre los roles de género, las clases sociales o las reglas de conducta.

Hay un buen repaso a multitud de comportamientos humanos que provocan reflexiones profundas en cualquier época en que leas la historia y que son una oportunidad para conversaciones entre los lectores: los prejuicios, la escuela, la guerra, la pobreza, los lazos familiares, las vanidades, el amor… 

Siempre se ha etiquetado a Mujercitas como una novela sentimental, ñoña y para chicas, ensombreciendo el espíritu independiente y reivindicativo de las mujeres que tiene la obra, así como todo lo que implica la Igualdad en una sociedad.

MUJERCITAS

Louisa May Alcott

Il. Giselfust

Editorial Alma, 2021

La historia está basada en las vivencias de la autora durante su niñez, que creció junto a sus padres y sus tres hermanas en un pequeño pueblo de Massachusetts.

Sus padres fueron muy progresistas: sufragistas, abolicionistas, librepensadores, trascendentalistas, vegetarianos y anticonsumistas. El padre era un intelectual muy preocupado por la educación de sus hijas, pero con ideas muy revolucionarias en la época en que vivió. Sus ideas liberales alimentaron el espíritu libre de sus hijas: alentó a Louisa a escribir sus experiencias personales en un diario y a sus otras hijas a cultivar su pasión por la música, el teatro y el arte.

Tuvieron muchas dificultades económicas porque el padre era incapaz de mantener un trabajo y su idealismo le llevaba a emprender proyectos ruinosos lo que acarreaba una enorme inestabilidad en la vida familiar. Eran muy pobres. Louisa May empezó a trabajar muy joven como maestra, costurera, institutriz o escritora.

Jo, Beth, Amy, Meg y la señora Margaret March representan en gran parte la vida familiar. Seguramente el hecho de trasladar la figura paterna al frente de guerra fuera para la autora una auténtica liberación personal. Y sin duda Jo, era el alter ego de Louisa.

¡Menos mal que Jo está en todo el libro!

Y sí, es una apreciación muy particular: es mi personaje preferido. Y sin duda, el de tantas y tantas lectoras.

Sobre la creación de Jo, dice María Fasce, editora de Lumen (editorial que publicó por primera vez en España en 2004 la obra sin censurar):

«Ese es el mayor logro de Alcott a la literatura y al imaginario universal. No hay niña con sueños de artista o de escritora (fue mi caso) que no se haya visto retratada en Jo. Su libertad, su idealismo, su falta de coquetería que la vuelve irresistible (recuerdo con qué asombro y admiración había seguido el arrojo de Jo al cortarse el pelo bien corto para venderlo y conseguir dinero: es la escena que más se me ha quedado grabada). Hay muy pocas heroínas como Jo March en la literatura”. WMagazín. Mujercitas. 150 años. Desde aquí

Jo es alucinante. Su pasión por los libros, su libertad para vestirse, su sinceridad, la generosidad con todos, sus guiones de teatro, su enorme belleza tan lejos de la feminidad impuesta… Jo es adorable

Pero también hay algo poderoso en el retrato de las cuatro hermanas y que es liberador: no hay un rol único de mujer.

Existe la idea esparcida por todas las páginas del derecho a ser uno mismo. Cada mujer es una persona y no responde a un modelo, y si lo hay, hay que romperlo para dar cauce a los sueños de cada una.

La historia guarda la promesa de que las mujeres pueden ser libres para hacer lo que quieran y ser como quieran, a pesar de las realidades y los obstáculos.

Aunque me instalo la perspectiva histórica de la novela en mi escenario lector, debo reconocer que también he encontrado muchos momentos y situaciones anacrónicas relacionadas con la perspectiva de género y con las etiquetas sociales que me han irritado. Me contengo en muchos momentos dando paso a la tolerancia de lo que leo por ser de otra época y sin dudar que la lectura de lo que nos resulta anacrónico también son disparadores de reflexión. (También creo, al releer esto que he escrito, que lo que nombro como anacronismos en la novela siguen existiendo actualmente y también me incomoda).

Después de Mujercitas, en la que se relata el crecimiento y la identidad de las cuatro niñas y adolescentes, May Alcott escribió Aquellas mujercitas como continuación de sus vidas adultas y habitualmente aparecen editados en un solo volumen, como la publicación que he leído de la editorial Alma.

Y después llegaron Hombrecitos y Los muchachos de Jo, continuación de ambas novelas.

Cuando terminas de leer Mujercitas, ya no puedes olvidarlas. Sus páginas guardan ideas que germinan y crecen. Ideas que llegarán a entrelazarse con otras lecturas, con otras historias de mujeres: mujeres de otras culturas como el harén de Sueños en el umbral de Fatema Mernissi o de mujeres actuales como las del piso tutelado de Lectura Fácil de Cristina Morales.

Mujeres de épocas muy diferentes, pero todas nos conmueven por contar su realidad, sus reivindicaciones y sus sueños.

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