Salvaje. Emily Hughes

7 Jun

Ahora que comienza a oler a verano y a vacaciones, donde el tiempo se mide con relojes sin alarmas y las obligaciones se multiplican casi por cero, ahora disfruto mucho más de Salvaje.

Dice su autora, Emily Hughes, que cuando escribió e ilustró el libro, solo pretendía hacer una historia en la que tratar y aceptar a los demás por lo mejor de sí mismos. Sin embargo, el libro levantó opiniones encontradas: unos aplaudieron el anarquismo de la protagonista, otros resaltaron el lado femenino de esta rebelde y otros, percibieron que la historia podría ejercer una influencia terrible.

Un libro escrito sin el filtro de los adultos, con los ojos de una criatura felizmente salvaje.

 

Salvaje

Emily Hughes

Editorial Libros del Zorro Rojo, 2014

 

Salvaje es la historia de una niña que crece en el bosque entre el cariño y la ayuda de los animales. Es una más, un animal más y es feliz así.

Cuando los adultos la descubren se la llevan a la ciudad, e intentan inútilmente enseñarle sus costumbres. El encuentro es un fracaso y su espíritu salvaje le llevará a tomar una decisión inevitable.

Me quedo con las páginas de Salvaje en que la niña es feliz en el bosque. Las ilustraciones tan frescas y detalladas, los tonos del bosque, la amabilidad en el gesto de los animales y la alegría en el ambiente te contagian de naturaleza y del gustazo de un tiempo vivido lejos de las reglas y complicaciones de nuestra vida habitual. Una utopía con la que soñar, al modo de Mowgli o Tarzán.

Por otro lado, las páginas en que aparecen los adultos son incómodas: gestos agresivos en un ambiente de caos y desorden donde los mayores se empeñan en habituar a Salvaje a vivir bajo costumbres muy desconocidas para ella y consideran que todo lo hace mal.

A ningún adulto le apetecerá identificarse con estos personajes que muestran tan poco afecto por una niña y provocan el cambio de su dulzura por un gesto de poseída que espanta. !Pobre Salvaje!

El libro nos deja latiendo entre el gozo de la libertad y la angustia de vivir con reglas y normas.

Si dejas llevarte por tu lado adulto siempre correcto y habituado, la alarma de la censura saltará de inmediato ante esta historia.

Sin embargo, creo que merece la pena relajarse y aprovechar la oportunidad que nos da la historia para plantear preguntas, hablar, explorar ideas y si tenemos suerte, encontrar algunas respuestas.

Ideas que nos plantean los lectores:

– Entiendo la historia si el o la protagonista fuese un animal porque su estado natural sería vivir en libertad en el bosque, en la selva, en el río… Cuando se captura a un animal, lo ideal es la vuelta a su entorno. Pero no creo que sea el caso de un ser humano que es social y busca a los iguales…no me cuadra el modo en que resuelve el final.

– Conocimos la historia de un yanomami que le llevaron a la ciudad y no pudo adaptarse a esa forma de vida: volvió con su tribu feliz, en el bosque de Amazonas. Tal vez sea una realidad lejana a nuestros ojos…

Otra posibilidad es dejar de identificar a los personajes tal y como aparecen pensando en metáforas:

– ¿Y si la niña es nuestro lado ocioso, gozoso e independiente?, ¿acaso le dedicamos poco tiempo a esta parte de nuestro ser y los constantes convencionalismos nos atan?

– ¿O no será la niña esa anciana que quiere continuar viviendo en su casa y se niega a trasladarse a un lugar repleto de horarios y normas?

Pero tal vez estas metáforas sean un tanto adultas.

Continúan las preguntas:

– ¿Es una utopía vivir en plena libertad?, ¿cómo cubriría alguien sus necesidades inmediatas?

– ¿Conocemos historias reales de niños salvajes?, ¿cómo han sido?

– ¿De qué modo imponemos las normas a los demás?, ¿se entienden las reglas y normas establecidas?

– ¿Cómo actuamos ante reglas que no queremos cumplir?, ¿son necesarias?

– ¿Por qué la idea de libertad nos provoca tanta felicidad?

 

 

No estoy segura si tantas preguntas terminan quitándole el encanto a la historia, pero si por algo nos ha gustado este libro, es precisamente por las controversias que produce y por los interrogantes que deja y no permiten cerrar la historia definitivamente.

Vuelvo al libro, y vuelvo a quedarme con las páginas de Salvaje feliz, libre, con ese sueño tal vez utópico. Me reconforta ese perro liberado, al que sin duda la protagonista le cambió la mirada triste por una llena de luz.

Ahora que llega el verano, no pierdas la oportunidad de Salvaje.

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