Rodari, maestro en la escuela.

5 dic

Gianni Rodari, maestro.

Rodari comienza pronto a impartir clases en las escuelas de primera enseñanza. En los Preliminares de la Gramática de la fantasía, comenta :

“ Debía de ser un pésimo maestro, mal preparado en su tarea, y que tenía en la cabeza de todo, desde la lingüística europea hasta el marxismo (el señor Romussi, director de la Biblioteca Cívica de Varese, aunque el retrato del Duce estaba bien a la vista sobre su escritorio, me entregó siempre sin inmutarse los libros que solía pedirle, cualquiera que fuese su contenido); tenía de todo en la cabeza, salvo la escuela. 

Un poco por simpatía y otro por ganas de jugar, les contaba a los chicos historias sin la menor referencia a la realidad ni al sentido común, y las inventaba sirviéndome de las “técnicas” alentadas y a la vez escarnecidas por Breton”.

 

Muchos de los que hoy llevamos tiempo entregados a la escuela, seguramente nos sintamos reconocidos en situaciones semejantes.

 Los relatos a través de la prensa le acercan definitivamente al mundo infantil y se enriquece aún más en 1970 cuando retoma su tarea pedagógica con los escolares.

Contagia a los maestros el derecho de la imaginación en la escuela:

 

 

“ La necesidad de que la imaginación tenga su puesto en la enseñanza; para quien tiene fe en la creatividad infantil; para quien sabe qué virtud liberadora puede tener la palabra”.

 

Rodari anima una escuela activa en la que dejemos a los niños participar en la construcción de su mundo, como en los Cuentos para jugar:  cuentos abiertos que nacen de un programa de radio en el que los lectores tienen la opción de elegir entre diferentes finales. Cuentos llenos de sorpresas, con inicios inquietantes y planteamientos que nos desprenden de las rutinas.

…” En efecto, del cielo azul caía una lluvia de sombreros. No un sólo sombrero, que podía estar arrastrando el viento de un lado para otro. No sólo dos sombreros que podían haberse caído del alféizar. Eran cien, mil, diez mil sombreros los que descendían del cielo ondeando. Sombreros de hombre, sombreros de mujer, sombreros con pluma, sombreros con flores, gorras de jóquey, gorras de visera…” (Cuando en Milán llovieron sombreros).

También promueve el humor y la carcajada que tanto le gustaba. Dice:

“ En nuestras escuelas en general se ríe poco. La idea de que la educación de la mente es algo triste es una de las más difíciles de combatir”

Un humor que provoca sonrisas ante personajes o planteamientos que Rodari  estira hasta el absurdo y que sin embargo se acercan a la realidad, aprovechando esta circunstancia para lanzar una crítica social.

“Érase una vez, en Gavirate, una mujercita que pasaba todo el día contando los estornudos que hacía la gente, luego contaba los resultados a sus amigas y juntas hacían muchos comentarios.” ( La mujer que contaba los estornudos).

O una buena crítica a la falta de comunicación entre las personas, aunque sean vecinas:

“Poco a poco, a base de estar siempre callados y malhumorados, se olvidaron también de hablar. Y al final sucedió que los dueños de las casas se pusieron a ladrar como sus perros. Ellos quizá creían hablar, pero cuando abrían la boca se oía una especie de “bau” “bau” que ponía la piel de gallina. Y así, ladraban los perros, ladraban los hombres y las mujeres, ladraban los niños mientras jugaban, y las noventa y nueve casitas parecían noventa y nueve perreras.” (El país de los perros).

 

 

Risas que pueden ser comunes pues sus cuentos , como Cuentos por teléfono, son estupendos para leer en voz alta y un recordatorio de la importancia de narrar historias a los niños.

El padre protagonista de este libro, que por su trabajo no puede estar en casa, se compromete todas las noches a llamar por teléfono a su hija y contarle un cuento antes de dormir, del mismo modo que Sherezade lo hizo en Las mil y una noches.

 

Algunos de los Cuentos por teléfono están publicados individualmente en forma de álbumes ilustrados, como Uno y siete o Inventando números.

Sus libros de cuentos cortos se leen con otro ritmo y son muy acertados  para muchos lectores escolares que se vienen  abajo ante el grosor de un libro. Se leen a saltos incluso jugando con el dedo que recorre el índice del libro y elige un título por azar o por la sugerencia de la historia.

  

Los Cuentos escritos a máquina, que aparecieron semanalmente en el diario Paese Sera en 1972, están llenos de pequeñas y sugerentes tramas, generadoras de profundas ideas. 

 

Son historias contadas son sencillez pero intensas en su esencia y repletas de valores que en la escuela no deben faltar: confianza en uno mismo, cordialidad, generosidad, honradez, optimismo, compromiso…

 

 

“Conozco a un pequeño comerciante. No comercia con azúcar ni con café, no vende ni jabón ni ciruelas cocidas. Vende sólo el número treinta y tres.

Es una persona honradísima, vende género de primera y jamás roba al peso. No es de esos que dicen: “Ahí tiene su treinta y tres, señor”, y en cambio a lo mejor es sólo un treinta y uno o un veintinueve…

…Es un tendero honrado. En su pequeñez, es un pilar de la sociedad”. ( Uno para cada mes).

 

 Seguiremos contando más cosas de Rodari… que es inagotable.

 

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4 comentarios to “Rodari, maestro en la escuela.”

  1. beatriz diciembre 5, 2010 at 9:07 pm #

    “Gramática de la fantasía” es uno de los libros que siempre recomiendo a los maestros y profesores. La imaginación y la creatividad deberían ser valores fundamentales en la formación del alumno.Es una lástima que seamos reacios a algo tan fácil de entender. El pensamiento divergente resulta mucho más interesante que el unívoco. Los alumnos que piensan e imaginan distintas posibilidades tienen la capacidad de afrontar la incertidumbre y resolver problemas con mayor facilidad.

    • Biblioabrazo diciembre 5, 2010 at 10:48 pm #

      Qué buenísimas migas hubieses hecho con Rodari, querida Beatriz ;)

      Ana

  2. creabezer diciembre 8, 2010 at 9:25 am #

    Hola, muy interesante el post, saludos desde Colombia!

  3. Noelia diciembre 9, 2010 at 5:26 am #

    El otro día en estas vacaciones les planteé a unos chavales de 1º de la ESO que se imaginaran qué sucedería en un mundo al revés. Lo que más gracia les hizo fue imaginar que los niños mandarían sobre los padres. Me encanta Rodari, da tanto juego.

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